Hace mucho que intento escribirte y no puedo. Busco palabras que definan lo que siento por vos, pero no hay.

Hoy me dí cuenta que no te escribo porque me ocupo más en demostrarte lo que siento de la forma en la que realmente se hace; una forma que va más allá de lo que un conjunto de palabras como lo es, por ejemplo, un “te amo” pueda expresar. Porque creo que el amor no es algo que una persona pueda decirle a otra, para mí, es algo más profundo. Es un sentimiento que se transmiten dos personas por un lenguaje distinto, que ellos y nadie más entienden. Y en eso se basa: yo te elijo porque vos sabés entender lo que siento por vos, y yo sé entender lo que vos sentís por mí. 

Amar es algo que funciona sin necesidad de las palabras, porque el amor son los sentimientos que ambos sentimos, no las cosas que nos decimos. Y yo quiero amarte, no decírtelo.

Soledad marina

Todos los veranos, desde pequeña, vengo de vacaciones a santa clara. En mi niñez, lo hacía acompañada de mi familia, hoy vengo sola.

Me siento en este lugar y me relajo, pienso, respiro el aire fresco y te miro a vos. Miro como te acercas para irte a los pocos segundos. Observo esa constante incertidumbre que tenés, entre el “me quedo o me voy de nuevo hacia atrás”. Sin embargo, a mí me encanta hacerte compañía e intentar convencerte de quedarte conmigo, tocando mis pequeños pies y sujetándolos en la arena. Pero todo mi esfuerzo es en vano, por más que lo intento, siempre te volvés a alejar. Es en ese momento cuando decido ir a buscarte. Corro hacia adentro tuyo, cubriendo mis piernas primero y todo mi cuerpo después hasta entregarme completamente a vos. Juego, me río y disfruto hasta que oscurece y me toca a mí retroceder.

Ahora tengo frío y muy lentamente me empiezo a alejar. Veo la luna, siento la brisa fresca y estás cada vez más finito. Ya lejos tuyo susurro: te espero el año que viene con las mismas idas y vueltas de siempre.